Calixto, obispo, siervo de los siervos de Dios,
a los obispos, sus queridos hermanos de Cristo, y a las demás personas de
la santa iglesia, y a todos los cristianos tanto presentes como futuros, universalmente
saluda y da la bendición apostólica.
Habéis oído con frecuencia, oh carísimos, cuántos males, calamidades y angustias
han solido producir los sarracenos en España a nuestros hermanos cristianos.
No hay nadie que pueda contar cuántas iglesias, castillos y tierras devastaron,
y cuántos cristianos, monjes, clérigos o legos, mataron, o vendieron como
esclavos en bárbaras y lejanas tierras, o bien los tuvieron aherrojados con
cadenas o los angustiaron con varios tormentos. No puede decirse con palabras
cuántos cuerpos de santos mártires, es decir, de obispos, abades, sacerdotes
y demás cristianos yacen enterrados junto a la ciudad de Huesca
y en el Campo Laudable,
en el de Litera (1)
y en otros territorios limítrofes de cristianos y sarracenos, en donde hubo
guerras. Yacen a millares. Por esto os suplico, hijos míos, que entienda vuestra
caridad cuánta importancia tiene el ir a España a pelear con los sarracenos
y con cuántas gracias serán remunerados los que voluntariamente allá fueren.
Pues ya es sabido que Carlomagno, rey
de los galos, el más famoso sobre todos los demás reyes, estableció
la cruzada en España, combatiendo con innumerables trabajos a los pueblos
infieles, y que su compañero el bienaventurado Turpín,
arzobispo de Reims, según se cuenta en su gesta,
robustecido con la autoridad de Dios, en un concilio de todos los obispos
de toda la Galia y Lorena reunidos en Reims, ciudad de los galos, concedió
indulgencia plenaria a todos los que entonces fueron y a los que en lo sucesivo
vayan a combatir en España al pueblo infiel, a aumentar la cristiandad, liberar
a los cautivos cristianos, y a sufrir allí el martirio por amor de Dios. Todos
los varones apostólicos que, después, hasta nuestro tiempo hubo, corroboraron
esto mismo y es testigo el santo Papa Urbano
(2), ilustre varón, que en el concilio de
Clermont en la Galia, con asistencia de cien obispos, aseguró esto mismo,
cuando dispuso la cruzada de Jerusalén, según consta el códice de la historia
jerosolimitana. Esto mismo también Nos corroboramos y confirmamos: que todos
los que marchen como arriba dijimos, con el signo de la cruz del Señor en
los hombros, a combatir al pueblo infiel en España o Tierra Santa, sean absueltos
de todos sus pecados de que se hayan arrepentido y confesado a sus sacerdotes,
y sean bendecidos por parte de Dios y de los Santos apóstoles San
Pedro, San Pablo y Santiago, y de todos
los santos, y con nuestra apostólica bendición y que se merezcan ser coronados
en el reino celestial, junto con los santos mártires que desde el principio
de la cristiandad hasta el fin de los siglos recibieron o han de recibir la
palma del martirio. Nunca hubo en verdad en otro tiempo tanta necesidad de
ir allá, como en la actualidad. Por lo cual encarecida y universalmente mandamos
que todos los obispos y prelados en sus sínodos y concilios y en las solemnidades
de las iglesias no dejen de anunciar principalmente, y sobre los demás mandatos
apostólicos, esto; exhortado también a sus presbíteros a que en las iglesias
lo comuniquen a sus feligreses. Y si hacen esto gustosamente sean remunerados
en el cielo con igual recompensa que los que van allá. Y quienquiera que esta
epístola llevare transcrita de uno a otro lugar o de una iglesia a otra y
la predicare a todos públicamente sea recompensado con la gloria eterna. Así
pues, los que aquí anuncien esto y los que marchen allá, hayan paz continua,
honra y alegría, la victoria de los combatientes, fortaleza, larga vida, salud
y gloria. Lo cual se digne conceder Nuestro Señor Jesucristo, cuyo reino e
imperio permanece sin fin por los siglos de los siglos. Amén. Hágase. Hágase.
Hágase.
Dada en Letrán (3),
Alégrate, Jerusalén, reunidos cien obispos en concilio.
Léase y expóngase por lo menos esta epístola a la atención de los fieles después
del Evangelio durante todos y cada uno de los domingos desde Pascua hasta
la fecha de San Juan Bautista.
Tienda clementemente la mano de su gran misericordia al copista y al lector
de este códice Nuestro Señor Jesucristo, quien con el Padre y el Espíritu
Santo vive y reina, Dios por los infinitos siglos de los siglos. Amén.
(1) |
Campo
Laudable y Campo de Litera. El texto
latino dice "in campo laudabile, et in campo
letorie", lugares que el P. Fita
sitúa en as proximidades de Alcalá
de Henares el primero y el segundo en Litera
de Tamarite (Huesca). Pero Dozy
niega que en ninguno de los dos hayan sufrido los españoles grandes
derrotas en el siglo XII, y además impugna la localización
del segundo nombre y lo considera invención del autor de la carta
del papa Calixto, que él cree apócrifa.
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(2) |
Es Urbano
II (1088-1090), que predicó la primera Cruzada en el concilio
de Clermont (28 de noviembre de 1095).
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(3) |
El texto latino
dice Letare Iherusalem, que son las palabras
iniciales del oficio de la Dominica IV de Cuaresma.
Es decir, que el documento se fechó el 25 de marzo de 1123, durante
el primer concilio lateranense.
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