Entonces, licenciados sus mayores ejércitos, fue Carlomagno
a la tierra de Santiago en España, e hizo cristianos
a los habitantes que en ella encontró; pues a los que volvían a la infidelidad
de los sarracenos, o los pasó a cuchillo o los desterró a la Galia. Entonces
estableció obispos y presbíteros en las ciudades, y reunido en la ciudad
de Compostela un concilio de obispos y príncipes determinó por amor a
Santiago que todos los prelados, príncipes y
reyes cristianos, tanto españoles como gallegos, presentes y futuros, obedeciesen
al obispo de Santiago. En Iria
no estableció obispo porque no la tuvo por ciudad, sino que mandó fuese villa
sujeta a la sede compostelana. Entonces en el mismo concilio, yo, Turpín,
arzobispo de Reims, a ruegos de Carlomagno, consagré
fastuosamente con sesenta obispos la
basílica y el altar de Santiago. Y sometió el rey a la misma iglesia toda
la tierra española y gallega, y se la dio en dote, mandando que cada poseedor
de cualquier casa de toda España y Galicia, diese cada año cuatro monedas
obligatoriamente, y quedasen libres de toda servidumbre por orden del rey.
Y en ella se celebren a menudo los concilios de los obispos de toda España;
y en honor del apóstol del Señor se otorgasen por manos del obispo de la misma
ciudad los báculos episcopales, y las coronas reales. Y que si en otras ciudades
por los pecados de los pueblos faltasen la fe o los preceptos del Señor, se
reconcilien allí con el consejo del mismo obispo. Y con razón se concede que
la fe se reconcilie y establezca en aquella venerable iglesia, porque de la
misma manera que por San Juan Evangelista, hermano
de Santiago, se estableció en oriente la fe de
Cristo y una sede apostólica en Efeso, así también en la parte occidental
del reino de Dios fue establecida por Santiago
la misma fe y una sede apostólica en Galicia. Estas son sin duda alguna las
sedes apostólicas: Efeso, que está a la derecha
en el terrenal reino de Cristo, y Compostela,
que está a la izquierda, sedes que en la división de las provincias correspondientes
a estos dos hijos de Zebedeo. Pues ellos habían
pedido al Señor sentarse en su reino, uno a su derecha, otro a su izquierda.
Tres sedes apostólicas principales sobre todas suele con razón la cristiandad
venerar especialmente en el mundo, a saber: la romana,
la gallega y la de Efeso. Pues como el Señor distinguió entre todos
los apóstoles a tres, a saber: Pedro, Santiago y Juan,
a los cuales reveló más claramente que a los demás, según consta en los Evangelios,
sus designios, de la misma manera determinó que estas tres sedes fuesen a
causa de ellos reverenciadas sobre todas las demás del mundo. Y con razón
se dice que éstas son las sedes principales, porque así como estos tres apóstoles
aventajaron a los demás en dignidad, igualmente los sacrosantos lugares en
que predicaron y fueron enterrados deben justamente aventajar por la excelencia
de su dignidad a todas las sedes del mundo entero. Con razón se considera
a Roma como la primera sede apostólica, pues
Pedro, el príncipe de los apóstoles, la consagró
con su predicación, con su propia sangre y con su sepultura. Compostela
se tiene justamente por la segunda sede, porque Santiago,
que fue entre los demás apóstoles el mayor después de San
Pedro, por su especial dignidad, honor y calidad, y en los cielos tiene
la primacía sobre ellos, la santificó primero con su predicación antiguamente,
y laureado con el martirio la consagró con su sacratísima sepultura y ahora
la ilustra con sus milagros y no cesa de enriquecerla constantemente con sus
permanentes beneficios. En verdad se dice que la tercera sede es Efeso,
porque San Juan Evangelista compuso en ella su
Evangelio que empieza "In principio erat verbum",
en un concilio de los obispos que él mismo había establecido en las otras
ciudades, a los que también en su Apocalipsis llama ángeles (1),
y la consagró con sus predicaciones y milagros y con la basílica que en ella
edificó e incluso con su propia sepultura. Si pues, algunas cuestiones divinas
o humanas quizá no pueden por su gravedad dilucidarse en las otras sedes del
orbe, en estas tres sedes deben con razón ser tratadas y definidas. Así pues,
Galicia, libre muy pronto de sarracenos, por la gracia de Dios y de Santiago
y con el auxilio de Carlomagno, permanece distinguida
hasta hoy en la fe cristiana.
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Aquí
se recoge la interpretación de la palabra "angel"
en el Apocalipsis, I, 20, en el sentido
de obispos de las distintas iglesias.
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